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HISTORIA DE UN EMPRENDEDOR


En el año mil novecientos cincuenta y cuatro Antonio Cerdá Fuster tenía diecinueve años y un estupendo futuro por delante, sin embargo, sus esperanzas se trucaron cuando las circunstancias le empujaron a asumir una responsabilidad demasiado dura para él; abandonar su magnífico empleo.

Era un chico de una pequeña localidad alicantina que tenía la gran fortuna de trabajar para la compañía aérea Aviaco, en Madrid, como mecánico de aquellos impresionantes monstruos de la ingeniería aérea pero, en aquel momento, debía tomar una apremiante decisión.

El negocio de bicicletas de su familia denominado: "Antonio Cerdá Rico" que era el nombre de su padre, se encaminaba a un inevitable fracaso. Antonio tenía que volver a casa para echar una mano a los suyos.

Metió entonces su ropa en la maleta e hizo hueco a sus frustradas ilusiones, tratando de adaptarse a aquel inesperado obstáculo que le impedía seguir en Madrid pues, su padre, angustiado, le pedía por carta su ayuda.

Así fue como Antonio Cerdá Fuster, fundador de Talleres Cerdá, regresó a su tierra natal, Castalla, provincia de Alicante, y como después de haberse aferrado con fuerza a un futuro prometedor, tuvo que aterrizar el vuelo de sus anhelado sueños.

Hijo primogénito, capaz y responsable, no permitió que la inestable situación económica que vivía su familia les hicera pasar necesidades.

Su carácter decidido y emprendedor no dejó que se amedrantase y, lejos de sublevarse o actuar de forma resentida hacia su padre, acudió a su llamada sin dilación; sacando pecho a la adversa situación que le iba a tocar vivir.

Cuando regresó a Castalla, estaba roto por dentro, pero su fe y juventud le ayudaron a mantener el ímpetu que necesitaba. Sus hermanos eran demasiado jóvenes para echar una mano a su padre y Antonio agarró con fuerza las riendas de la economía y negocio paternos; poniéndose al frente de aquella reducida empresa a la que la inadecuada gestión, llevada a cabo año tras año, había precipitado a la bancarrota.

A la pequeña tienda y taller de bicicletas familiar, Antonio le dio una dirección más mecanizada y su afán fue ampliándola con motos, coches y camiones que vendía y que arreglaba gracias a la destreza y sabiuría natural que salía de sus manos y que había heredado de su padre, habilidad que se afanaba en cultivar por medio de un trabajo constante, minucioso e inmejorable, que vio pronto su recompensa con clientes que llegaban, no solo de Castalla, sino de ciudades cercanas e incluso de la misma capital.

Pero la prosperidad de un negocio no crece únicamente con el trabajo de producción que, aunque es fundamental, también necesita su eficaz, hábil y precisa gestión administrativa; de una actitud perseverante y positiva ante el futuro y de una exquisita sagacidad para hacer de las cosas pequeñas algo grande; sin perder de vista la humildad necesaria que contribuye a aceptar nuevos retos y aprendizajes, para seguir mejorando a lo largo de su historia. Y de todo esto, Antonio, ha hecho gala también en su carrera, con una inherente y excelente disposición.

Con esfuerzo, dedicación y esa capacidad empresarial innata que siempre le ha caracterizado, continuó sin descanso; ayudado y seguido por el arropado sentimiento de orgullo y respeto que, poco a poco, iba despertando en su padre aquella actitud cumplidora, ingeniosa e inagotable que poseía, junto con sus enormes ganas de progresar.

Fueron años muy difíciles, de trabajo duro y constante; pero su entusiasmo y desvelo lograron reflotar de nuevo el negocio paterno.

Su padre, consciente de la lucha que capitaneaba su hijo mayor, no pudo por menos que reconocer su valía, pues sabía que de no haber sido por él, el infortunio les habría ganado la partida.

Algunos años después, Antonio había limpiado el nombre de su padre como empresario y en los años sesenta la empresa pasó a llevar el nombre de quien tanto había sacrificado y trabajado por ella para sacarla adelante: "Antonio Cerdá Fuster". Que ahora se había convertido en el dueño oficial y merecido de ésta, una empresa que nada tenía que ver ya con la tienda de bicicletas que gobernó su padre.

Pronto ampliaría su horizonte con un terreno corporativo poco extendido en la comarca, la venta distribución y reparación de maquinaría agrícola empezando por la marca Piva; pero necesitaba un capital que no poseía por lo que se asoció con Paco Garrigós de la localidad de Onil, con el que siempre ha mantenido una magnífica amistad, incluso cuando terminó dicha sociedad, muchos años después, pues Paco le pidió a Antonio que continuara él solo con el proyecto, ya que en realidad era él quien hacía todo el trabajo y en aquel momento no necesitaba capital para salir adelante. De esta manera Paco Garrigós mostraba, con su actitud, una honestidad empresarial poco habitual.

Los años pasaban y todo aquel temple, energía y voluntad comenzarían a dar sus frutos.

Tras casarse con Amparo Sales Rico, quien contribuyó a su evolución y tranquilidad como empresario y a la de su familia, siguió invirtiendo y ampliando poco a poco su empresa. Pues tuvo la suerte de contar siempre con el apoyo incondicional de su esposa que ha sabido estar a la altura, como madre y compañera, de una persona tan entregada de su trabajo como ha sido Antonio. Admirando su capacidad y valor y sabiendo comprender la labor que desempeñaba junto con las agotadoras e incontables horas que, especialmente en los primeros años, su marido dedicaba a la empresa. Lo que, inevitablemente, le hacía perderse vivencias del progreso de sus hijos y desarrollo familiar que Amparo dirigía y que él trataba de compensar siempre que podía, para deleitarse, aunque fuera a pequeños sorbos, con la compañía de su mujer y la inocencia y desenvoltura de sus dos pequeños, Antonio José y Susana, que en cuanto tuvieron edad de incorporarse a la empresa, no dudaron ni un momento en seguir los pasos de su padre. Esto ocurría en el año 1986, el mismo año que cambió de nombre la empresa, pues a partir de entonces, se llamaría Talleres Cerdá S.L

Susana Cerdá, hija menor de Antonio, ha llevado, desde su incorporación, la sección administrativa con gran acierto, contribuyendo a que la empresa funcione y evolucione de manera adecuada y gestionando con rigurosa capacidad toda la burocracia de la empresa.

El hijo mayor, Antonio José, desde su entrada a la empresa, aprendió cada una de las funciones de ésta, empezando por limpiar coches, más tarde en el almacén y repuestos, ventas, oficina distribuidor e incluso mecánico en la sección de automoción y de maquinaria agrícola; pues su padre siempre ha querido que empezase desde abajo y fuese capaz de conocer y comprender, no solo las necesidades de la empresa como tal sino cada una de las secciones que la completan y complementan, junto con el esfuerzo y condiciones necesarias para las personas que trabajan en ella.

Un quipo de grandes profesionales con la práctica y experiencia más adecuada en este campo, que aportan  a sus clientes la confianza de un esmerado trabajo y el trato distintivo que necesitan. Con una inmejorable labor que siguen perfeccionando y adaptando a las nuevas tecnologías para aportar a los clientes de Talleres Cerdá el mejor servicio a sus requisitos.

Desde la jubilación de Antonio, con sus hijos los encargados de continuar con el legado de su padre, y en este momento y tras cincuenta años de trayectoría y experiencia profesional puesta al servicio de sus clientes, Talleres Cerdá S.L es la mayor empresa de coches y maquinaria agricola de Castalla ubicada en C/La Colonia nº3 de la misma localidad y Avda, Aguilera de Alicante, que dispone de un amplio abanico de posibilidades con la mejor calidad y precio.


Afortunadamente hay personas emprendedoras como Antonio que, además de hacernos la vida más fácil, con su ejemplo, logran abrirnos la mente a infinidad de posibilidades. Pues no se anclan en lo que no pudo ser, ni se conforman con lo básico y necesario. Siempre quieren ir más allá, dar el máximo de sí mismos partiendo del lugar en el que se encuentran. Sin temer el trabajo, esfuerzo y sacrificio que eso les puede acarrear.

Gracia a personas como él, a su tenacidad, empuje, visión y perseverancia, el mundo sigue y seguirá evolucionando con la mirada puesta siempre en el futuro.